Cuando no trabajo me pongo en modo “tacañona-chunga”.
Lo cual no implica que me vaya un día a acompañar a una amiga al IKEA y le compre una alfombra que no me compraría yo, y añada a la cesta de la compra una lámpara de puti-roja-transparente, un cerdito-hucha-plateado-divino y una coctelera (cosas muy útiles como podéis ver)
Bueno pues el término “tacañona-chunga”, quiere decir que voy a comprar cosas que sí son necesarias y miro varios productos escogiendo el “más-barato-con-menos-mala-pinta”
La última vez que me pillé haciendo eso fue... ayer.
He pasado unos días muy dejada de la mano de Dios, ya que mi hombre había partido cuan marinero a otros puertos y yo, sin curro, pues no tengo ya nada que hacer.
La cosa es que ayer me dije “Pal, o te haces rastas en las piernas o acabas con el problema” pero a la que salía de casa se me ocurrió mirarme en un espejo y dije “hazte rastas si es necesario pero tíñete esa rata muerta que tienes en la cabeza, que cuando te vean en la aduana no te van a dejar pasar”
Así, medio motivada por el encuentro con mi hombre, medio animada por el viaje a Londres, medio obligada por mi espejo... me dirigí al Mercadona.
Sí, ese paraíso de cosméticos baratos que producen resultados más que aceptables.
Yo iba a comprar la cera de la depilación que es de muy buena calidad, peeeero de pronto vi algo que llamó mi atención, y el modo “tacañona-chunga” se activó.
Una parte de mi se negaba, decía “Te vas a dar un baño de tu color para quitarte los reflejos chapuza de hace dos años ¿Y en serio te la vas a jugar con ESTO? ¡¡Si hasta el envase es feo!!” Pero mi modo “tacañona-chunga” que es muy meloso, decía “Haz caso a la señorita, si total es el color correspondiente al que tu ya has usado y es 5€ más económico, ¿qué puede pasar, que te tengas que rapar la cabeza? ¡Cambiamos de look!”
Ya os contaré... ya.


